Mi apariencia no soy yo

 

Mi paciente Celia de 17 años, muy preocupada tiempo atrás por su físico, hace esta preciosa reflexión acerca de qué es lo que tenemos que valorar de nosotros mismos.

“Si me hubiesen preguntado hace unos años si me gustaba a mí misma, mi respuesta habría sido un rotundo NO. Y tendría toda la razón, en esa época no me gustaba la persona que era. Me miraba al espejo y sólo veía una nariz garrafal, unos dientes descolocados, mis muslos colgantes o una barriga desbordante. Para mí eso era toda mi persona. Era como si la grasa que me colgaba del brazo me representase, como si mi esencia se limitase a mi físico.
Tan absorta estaba  en señalar obsesivamente mis defectos que no me daba cuenta de que había un ser humano debajo de esa supuesta grasa. Ignoraba por completo los cumplidos que me hacían sobre mi personalidad. Podía oír a diario palabras como reflexiva, respetuosa o madura, y en mi cabeza siempre respondía con un “pero sigo siendo gorda”.
Cuando por fin abandoné el ambiente superficial y materialista en el que estaba estudiando y me cambié a un instituto público fue como si la burbuja a mi alrededor estallase de pronto. Había gente extremadamente diferente llevándose de maravilla, gente ayudándose entre sí, y no parecía importarle a nadie que tuviese unos kilos de más.

Durante el primer año de curso, mi autoestima empezó a florecer, como un girasol en verano, poco a poco, hasta que, hace un año, me volví a hacer la misma pregunta: ¿Me gusto a mí misma? NO. ME QUIERO. ME AMO. ¡ME ENCANTO!
No estoy hablando de la fachada. Todos tenemos nuestros complejos, nuestros días de bajón, esas partes de nuestro cuerpo que nos gustaría reducir, modificar, aumentar… la gran diferencia de mi yo de hace años y la de ahora es que no le doy importancia que le daba a esos detalles. He empezado a escuchar los cumplidos de los demás, sean sobre mi apariencia o sobre mi personalidad, y sobre todo, a creérmelos. He empezado a mirarme al espejo y a no estar disgustada con lo que veo. No tengo miedo a decir me gusta esto o lo otro de mí misma, sin preocuparme si los demás piensan que me estoy echando flores. Y lo más importante es que he aprendido que  mi físico es una minúscula parte de lo que soy.

Piensa en todas las cualidades que tienes en tu interior. Y ahora dime: ¿Serías igual de leal con más o menos pecho?, ¿Seguirías siendo una persona igual de comprensiva y desenfadad con 10 kilos más o 10 kilos menos?, ¿Continuarías siendo igual de divertida si te retocases la nariz?
La respuesta a todas estas preguntas es clara y concisa: ¡Sí! El mundo no te quiere porque seas más o menos guapa. La gente te aprecia por lo paciente, optimista, enérgica, luchadora, decidida y entregada que eres. Porque tu físico cambiará a lo largo de los años, pero si hay algo que  no lo hará, será lo increíble y especial que eres.”

 

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